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30.3.09

2 breves sobre El Salvador: más sobre las elecciones y el caso Katya Miranda al borde de la prescripción

La primera: hace un par de semanas, y justo el día de las elecciones salvadoreñas, escribí sobre la agenda de los candidatos en materia de género (diciendo que no la tenían o que no era dada a conocer; que no era tema, digamos) y de la poca cobertura que los medios daban a esto (ya sea a la agenda de género o a la falta de una agenda de género)...

Continué "investigando" y el amigo José Luis me mandó también información. Descubrí dos cosas: la casi única cobertura sobre este tema se encontraba sólo en los sitios web de campaña y, además, todas las actividades proselitistas que eventualmente podrían encuadrarse como políticas públicas en materia de mujeres, habían sido conducidas por las futuras "primeras damas" de los dos candidatos, respectivamente. Claro, de los temas de mujeres, que se ocupen las mujeres...

Prueba de esto puede verse aquí, acá, allá y también en este otro link.

Hoy recibí gracias a un docente universitario de periodismo en El Salvador, los resultados de un monitoreo sobre la cobertura mediática de las elecciones que, justamente, en su punto 4 se refiere a la participación de las mujeres en el proceso electoral y al escaso espacio de los temas de género en la agenda mediática. Puede consultarse el informe haciendo click aquí.


***


La segunda: recomendar esta nota editorial de El Faro.net que copio aquí abajo, sobre la inminente prescripción penal del caso de una niña de nueve años que fue violada y asesinada en El Salvador en 1999.

La publicación original de este texto puede encontrarse en este link.








A Katya Miranda la mató el sistema


Publicada el 30 de marzo de 2009 - El Faro

El sábado 4 de abril prescribe el caso de Katya Miranda. La menor, violada y asesinada hace diez años, cuando ella tenía apenas nueve, se ha convertido en la víctima más emblemática de un sistema que parece, como este caso lo evidencia, más proclive a mantener la impunidad que a administrar justicia.


A Katya Miranda la raptaron, violaron y asesinaron en un rancho familiar, en el que estaban su hermana menor, sus abuelos, sus tíos y su padre (o quién sabe si estaba ahí su padre. Las declaraciones hasta ahora, durante diez años, han sido encontradas). Un capitán del ejército (Jorge Miranda); un militar miembro de la guardia presidencial (el papá, Edwin Miranda); un jefe policial (Godofredo Miranda) y un abogado (Carlos Miranda, el abuelo).


Ahí, a la mañana siguiente, cuando encontraron su cuerpo en la playa, su tío Godofredo, un experto en resguardar escenas de crímenes debido a su cargo como jefe de la Dirección de Investigaciones Criminales de la PNC, permitió que sus familiares contaminaran la escena del asesinato de su propia sobrina. Y posteriormente permitió también que los fiscales asignados al caso hicieran lo mismo. Los fiscales asignados al caso violaron los más básicos procedimientos de resguardo y recolección de pruebas y permitieron también que el cuerpo de la niña fuera trasladado por el abuelo y el padre de la niña y no por las autoridades competentes; que la ropa de la menor y la tienda de campaña de la que fue sustraída permanecieran en manos de su abuelo.


Hace apenas unos días se conoció, de voz de la fiscalía, que Medicina Legal deliberadamente alteró la autopsia de la menor “por órdenes superiores”. Pero hace apenas unos días, también, el mismo fiscal informó que la única investigación abierta es la que lo llevó a la reciente captura de siete adultos acusados del secuestro de la menor, porque como hace diez años se llevó a cabo el juicio por violación y asesinato, y los inculpados fueron sobreseídos porque la fiscalía no sustentó el caso, no se puede ya juzgar a esos mismos individuos por el mismo delito. Y a partir del próximo 4 de abril no se podrá ya juzgar jamás a nadie por ese hecho.


Nunca la fiscalía abrió una investigación sobre la actuación de las autoridades competentes en este caso. Nunca se investigó a los fiscales de turno aquella triste mañana, ni a los forenses de medicina legal, ni a los “superiores” que dieron la orden de alterar la autopsia. Nunca, entonces, sabremos por qué quisieron alterar la autopsia, a quién protegían y por qué. Pero sí sabemos ya que forenses y fiscales actuaron en flagrante obstrucción de la justicia. Es decir, las autoridades encargadas de perseguir el delito conspiraron para proteger a los delincuentes. Y eso, al actual fiscal, le parece que se soluciona pidiendo “disculpas” por los “errores” cometidos por la fiscalía durante la administración anterior a la suya.


El asesinato de Katya Miranda y la impunidad en que ha permanecido durante diez años ha atraido una extraordinaria atención mediática y ha sido seguido por todos los salvadoreños. Que un caso que acapara la atención nacional haya sido tratado de la forma en que ha sido tratado sólo demuestra que la impunidad se ha impuesto como norma en el sistema judicial salvadoreño. Que si hubo una conspiración para proteger a los culpables de la violación y el asesinato de Katya Miranda, las víctimas cuyos casos no alcanzan las dimensiones mediaticas de éste no tienen muchas esperanzas de que se haga justicia. En una reciente entrevista, Hilda María Jiménez, la mamá de Katya Miranda, explicó por qué tuvo que ser ella, y no los asesinos de su hija, la que tuvo que abandonar el país por seguridad: “porque el Òrgano Judicial salvadoreño es corrupto”. El caso de su hija, manipulado por las autoridades, así lo demuestra.

El sábado 4 de abril se cumplen 10 años de la violación y asesinato de Katya Miranda. La impunidad del sistema judicial salvadoreño permitió a sus asesinos perpetrar tal atrocidad en medio de más de una decena de personas. Esa misma impunidad impide, diez años después, que Katya Miranda y todos los menores víctimas en El Salvador descansen en paz.

25.3.09

Alagoinha está en todas partes

Cuando tenía 8 años, en la escuela que estudiaba empezaron las actividades para el curso de catecismo. En aquel momento, yo no sabía lo que era una educación laica y qué implicaciones tenía una escuela que, en principio, era laica... Cuando la profesora y el director del colegio informaron a las alumnas y los alumnos de la novedad, me pareció que tenía la posibilidad de elegir si este curso (los sábados por la mañana) sería bueno o no para mi vida!
Como venía de una familia que no frecuentaba (y no frecuenta!) las misas los domingos ni otros días de la semana, imaginé que podría preguntar a mi mamá y mi papá si el catecismo sería algo interesante o no.
Mi mamá me dijo que ella no había ido a catecismo, pues como fue criada en una familia metodista, las actividades con las niñas y las niños eran otras.
Mi papá, por su parte, me dijo que su familia era muy católica y que él no sólo había hecho el catecismo sino que también había sido uno de esos niños que ayudan a “los padres” durante las misas, un autentico monaguillo!
Los dos me dijeron que yo era quien debía escoger, que ellos no me obligarían a despertarme temprano los sábados para irme de nuevo a la escuela. (No sé si esta información es necesaria, pero pregunté separadamente a cada uno, y la respuesta fue igual…creo que los asuntos de religión son tratados por las parejas mucho tiempo antes de que los hijos y las hijas nazcan, no?)

Bueno, toda esta introducción es para contarles que, mi opinión sobre la historia de excomulgación de la madre y los médicos que atendieron a una niña de 9 años, que durante tres años fue violentada por su padrastro en la ciudad de Alagoinha (interior de la provincia de Pernambuco, Nordeste de Brasil) no es neutra, imparcial, ni busca serlo.

La historia, resumidamente, es la siguiente: el 26 de febrero, el padrastro es encarcelado luego que un equipo médico constatara que la niña estaba embarazada de gemelos. Ella había llegado al hospital el día anterior sintiendo mareos y los médicos afirmaron que la niña corría riesgo de morir si no se hacía el aborto. La madre firmó la autorización. El aborto fue hecho. Una sucesión de declaraciones absurdas por parte de la Iglesia Católica –desde Recife hasta el Vaticano – empieza.
El arzobispo de Olinda y Recife, DOM José Carlos Sobrinho, excomulga a la madre y los médicos responsables por el aborto. Según el arzobispo, el padrastro no debió ser excomulgado pues el estupro es menos grave que el aborto y sólo este crimen está previsto como causal de excomulgación por el derecho canónico.
El día siguiente, el jefe del departamento del Consejo Pontifício para la Familia, del Vaticano, Gianfranco Grieco, afirma que la decisión del arzobispo de Olinda y Recife es acertada. La CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) lamenta el episodio que ha sufrido la niña, se clama perpleja, pero aún así no concuerda con el aborto. Dijo que a pesar de la gravedad, el arzobispo actuó correctamente, pues no se puede incentivar el aborto en Brasil. Pero después, dijo al público que nadie había sido excomulgado y que el arzobispo sólo había expresado lo que manda la ley canónica.

Me niego a decirles cuantas mujeres mueren todos los años por no tener su derecho a la salud reproductiva respetado.

El ministro de la salud, José Gomes Temporão y el presidente Lula, criticaron la actitud de la Iglesia. Lula afirmó que como jefe de Estado se encuentra a favor del aborto y como cristiano está en contra (como ciudadana no me interesa saber lo que el jefe de Estado piensa como cristiano, sólo si eso se inmiscuye en la esfera del propio Estado). Esa aparente dicotomía de Lula hizo que la Iglesia dijera que el presidente necesitaba del asesoramiento de teólogos!

Entonces, la prensa brasileña rellena los periódicos con artículos y comentarios de especialistas y periodistas. Muchos de ellos preguntando si existe una manera de pedir la auto-excomulgación.

La discusión en torno a la lucha por el derecho al aborto y sus fuerzas contrarias -aquellos que se nombran “Por la Vida” (como si las feministas no apostaran también por la vida de las mujeres y su derecho de decidir sobre sus cuerpos)- ya es conocida y muchas veces parece una conversación en el vacío, de donde nunca se extrae un entendimiento común.

Este episodio de Alagoinha y toda la secuencia de manifestaciones de la Iglesia me parecen muy simbólicas del momento que la Iglesia Católica vive en Brasil. En el país más católico del mundo, la Iglesia pierde sus fieles a las religiones neoprotestantes, soporta escándalos por casos de pedofilia y tiene que convivir con una población que, a pesar de ser católica, flirtea cotidianamente con otras religiones. Me parece un momento de insania eclesial absoluta, en el que la iglesia se desvive por no perder a los fieles por nada…

En este contexto, la idea de lo que es la vida, dónde empieza y dónde termina, pasa a ser el eje central de garantía del purismo de la fe católica: sólo son católicos aquellos que son completamente obedientes a los mandamientos, en la interpretación de las autoridades eclesiales. Hay que contener la libertad de pensamiento, así como en El Nombre de la Rosa.

A mí, me parece que lo más triste de este episodio no es la eterna dominación y necesidad de control de nuestros cuerpos (los de las mujeres, claro), pues eso ya lo sabemos hace mucho tiempo. Lo más triste es la ceguera de una Iglesia que insiste en mantenerse en sus dogmas y que bajo el argumento de defender “la vida”, termina sometiendo la vida de una niña. Los/as niños/as siempre son vistos/as por la Iglesia como seres benditos, buenos, puros y en este caso, nunca se pensó en la "pureza" de la niña, pues el hecho de ser mujer y tener capacidad reproductiva es algo superior al hecho de ser niña. Sus pequeños cuerpos ya no son más protegidos por Dios. Proteger la vida de las niñas sí, pero una vez configurada su capacidad reproductiva, hay que continuar la tarea primordial de la multiplicación, no importa el tamaño del sufrimiento que se pueda vivir.

Ojalá siempre tengamos a las Católicas por el Derecho de Decidir y los teólogos de la Teología de la Liberación.

Cuando era niña, fui la única alumna de la escuela que no hice el catecismo y la primera comunión. Por meses, fui llamada por mis amigos y amigas una hereje! Tal vez a ellos también les gustaría más aprovechar las mañanas de sábado con más libertad!

PD: Para quién se interesa por la participación de las mujeres en la iglesia, hay un romance de la costarricense Rosibel Morera, llamado “A pesar de mujer”

18.3.09

y para empezar: Los hombres que no amaban a las mujeres


ALERTA*(ver al final)


Esto es así… era un día de diciembre en una librería de Providencia, Santiago. Estaba con la amiga Fanny cuando me topé con Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la Trilogía Millennium del sueco Stieg Larsson (q.e.p.d…. o que se haya reencarnado o que esté de joda en el trasmundo, lo que le guste más). Cuando una/o ve el libro es casi imposible no dedicarle un minuto: es un ladrillo negro enorme con un dibujo horrible de una mujer atada. Le dediqué un minuto más y me di cuenta que podía interesarme: un periodista experto en los grupos de extrema derecha antidemocrática, activista contra todo tipo de violencia, que escribe un policial con perspectiva de género. En pesos chilenos era caro y, al final, lo dejé.

De regreso a Buenos Aires lo busqué enseguida y me lo regalé para navidad (para quienes me conocen resultará obvio que no creo en el niño Jesús, ni en santa y mucho menos en el reno Rudolph… pero como buena víctima del consumo capitalista, siempre me pareció que los regalos estaban bien. ..).

Ahora, no fue hasta que leí –en las noches bolivianas- las más de seiscientas páginas de la primera entrega de la saga, que me di cuenta de lo increíble que es este libro. El tipo escribe como periodista, llenando de datos todo el relato. Sin embargo, no se pierde la fluidez de la lectura. Hoja tras hoja se supera en temas. Este libro es mucho más que un policial. Es una historia contada desde la actualidad de distintos problemas: violencias, mercado y economía, calidad de la labor periodística, cárcel por calumnias e injurias… Es genial. Y así, muestra no sólo las miserias humanas más terribles sino también las más simples y cotidianas…

Ya voy por el segundo libro (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) que es aún un poco más largo que el primero –debo advertirlo-, pero también promete más: trata de mujeres en Suecia.

Así que me hago cargo y los recomiendo… hay que leerlos.



*antes que nada, quiero alertar al posible lector o lectora sobre mis cualidades para ser crítica de libros: nulas. Pero no me importa, lo voy a hacer igual, ya están avisados/as. Quien quiera lo lee, quien no quiera, no, y ya fue, como todo.