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8.11.09

otra política de Macri que preocupa: el aborto no punible en Buenos Aires




Las prácticas políticas del oficialismo en la Ciudad de Buenos Aires no dejan de preocupar. No sólo preocupan por su matriz autoritaria, uno de los rasgos que más se han dejado ver en el último año. Preocupan también y desde un primer momento por su falta de ética y transparencia. Preocupan especialmente, por su falta de comprensión de que cuando hablamos de políticas públicas no hablamos de una eficiencia y eficacia en la gestión vacías de contenidos. Justamente, hablamos de gestión PUBLICA. Hablamos de dar respuesta en su conjunto a las necesidades de la compleja y diversa sociedad que habita esta Ciudad. Todo esto resulta en que las personas más excluidas, las que se encuentran en situaciones más vulnerables, sean las que sistemáticamente son colocadas cada vez más en los márgenes del sistema. Parece entonces que todas esas personas fueran menos personas. Y eso preocupa.


Esta semana, las legisladoras de la Ciudad de Buenos Aires que componen la Comisión de Mujer, trataron los proyectos (de varios/as legisladores/as que lograron hacer un texto consensuado) que buscan regular con rango de ley, los procedimientos que deben tener lugar en los casos de aborto no punible.


El dictamen que preveía el archivo de las actuaciones frente al texto de protocolo consensuado, fue el que más votos obtuvo: los 4 votos del oficialismo en la comisión. Sí, si ya hicieron sus matemáticas correctamente hasta aquí, deberían haber entendido bien: las 4 mujeres que representan en nombre del partido oficialista a las mujeres de la ciudad en la comisión de mujer, votaron en contra de los derechos de esas mujeres.


A las legisladoras oficialistas de la Comisión –insisto: todas mujeres ellas-, poco parece importarles la autonomía de la mujer (y eso que estamos hablando únicamente de los casos permitidos por el Código Penal!!). Parece ser que las mujeres y niñas de esta ciudad no están exentas de esa ciudadanía de segunda, de esa nueva categoría que podríamos dar en llamar “menos persona que persona”.


Este tipo de protocolos son herramientas que permiten estandarizar los procedimientos frente a casos de aborto no punibles, para evitar la demora en el tratamiento médico a partir de la introducción de mayores requisitos que los que prevé el código penal, tales como juntas médicas, comités de bioética e incluso la exigencia de la mismísima denuncia penal.


La falta de este tipo de regulación esconde una doble moral. En el sistema médico de Argentina, las mujeres que se encuentran en mejor posición socioeconómica pueden acceder a médicos del sistema privado de salud y habitualmente consiguen acceder a un aborto seguro y oportuno en aquellos casos no penados por la ley. Acceden al aborto, incluso también, en los casos penados. Mientras tanto, las mujeres más pobres, deben sortear una serie de obstáculos para acceder a la interrupción legal del embarazo. Demás está decir las dificultades a las que se enfrentan cuando aquella interrupción no es legal. Recordemos ahora, que en Argentina, la principal causa de mortalidad materna son las complicaciones por aborto.


Esto es responsabilidad del Estado nacional y también del local. La negativa y la dilación en brindar acceso a un aborto seguro en los casos legales es una violación de derechos humanos. Somos las mujeres las que debemos decidir si queremos abortar. El Estado no puede decidir por nosotras.


Parece, sin embargo, que esto poco importa al oficialismo de la Ciudad de Buenos Aires. Por nuestra parte, tenemos una razón más para preocuparnos.

12.8.09

Más sobre Derecho a la Información y Aborto

Continuando con el tema del acceso igualitario a información existente sobre aborto farmacológico, les dejo una nota publicada en Página/12 de hoy por Mariana Carbajal. Allí opinan diferentes expertos/as, entre ellos/as, Álvaro Herrero (Director Ejecutivo de la Asociación por los Derechos Civiles - ADC).



La pego aquí también:


A UNA SEMANA DE ABIERTO EL NUMERO PARA INFORMACION DEL MISOPROSTOL


Una línea con record de llamados


En apenas siete días, mujeres de catorce provincias se comunicaron con el número que ofrece una organización feminista para dar información sobre el aborto con medicamentos. Los fundamentos.


Por Mariana Carbajal


Mujeres de catorce provincias se comunicaron en la primera semana a la línea habilitada para dar información sobre el aborto con medicamentos. La iniciativa fue lanzada a fin de julio en el país por una ONG feminista, en el marco de un proyecto regional que apunta a democratizar la información que está disponible, publicada por la OMS y la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia, y permitir que llegue a las mujeres de sectores más vulnerables que no tienen acceso a Internet, para contribuir a reducir las muertes como consecuencia de abortos inseguros, principal causa de la mortalidad materna en la Argentina. “Las mujeres que llaman están muy agradecidas”, comentó a Página/12 la trabajadora social Verónica Marzano, una de las activistas que atiende el teléfono, un número de celular (011-156-664-7070), al cual también se puede enviar un mensaje de texto pidiendo que le devuelvan la llamada. Organizaciones del movimiento de mujeres, sociales y académicas expresaron su respaldo a la propuesta, que ya está en marcha en Ecuador y Chile y pronto se replicará en otros países de Latinoamérica.


“Más información, menos riesgo” es el espíritu con el cual activistas de la ONG Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto se sumaron a una iniciativa que surgió un año atrás en Ecuador, para informar sobre el uso del misoprostol, una droga de uso obstétrico, que puede ser utilizada para interrumpir un embarazo. “No brindamos asesoramiento. Acercamos a las mujeres información avalada por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia”, explicó Marzano, integrante de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto. “Quienes atendemos la línea no somos médicas”, aclaró. “Del feminismo aprendimos la importancia de transmitir información entre mujeres. Este enfoque de educación entre pares fue muy usado por las personas VIH+ y por los grupos LGTB (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales) durante la crisis del sida con resultados óptimos”, sostiene el folleto que imprimieron para darle difusión.


Mujeres de 18 a 45 años, de distintas puntos del país, llamaron desde que se dio a conocer el número a fin de julio. “La información no las compromete a tomar ninguna decisión”, agregó Marzano. “Las que llaman a la línea ya conocen el misoprostol, pero tienen mala información que puede derivar en un aborto inseguro”, apuntó. Trabajan con un protocolo de atención y cuentan con el asesoramiento de un comité médico.


El misoprostol es considerado una droga “esencial” por la OMS. La Flasgo publicó un manual donde se detalla sus usos obstétricos, entre ellos la posibilidad de suministrarlo para interrumpir un embarazo. El derecho a la información, a la libre expresión y a conocer los avances de la ciencia son los tres pilares en los que se fundamenta la propuesta, que respalda la organización internacional holandesa Mujeres sobre las Olas, conocida por el barco que lleva a la costa de países donde el aborto está prohibido para realizar las IVE a bordo. Las promotoras de la línea recibieron en el país el asesoramiento de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). “La falta de acceso igualitario a información pública afecta a la salud, la libertad, la dignidad y hasta la vida, por estas razones resulta esencial democratizar la información”, señaló Alvaro Herrero, director ejecutivo de la entidad.


Para el epidemiólogo Gonzalo Moyano, la línea responde a una razón de “estricta justicia y salud pública”. “La mortalidad materna por aborto inseguro en la Argentina es escandalosamente alta. Las mujeres tienen un derecho, que todavía no está plenamente reconocido, a decidir qué hacen con su cuerpo”, opinó Moyano, profesor de la Cátedra Libre de Salud Pública y Derechos Humanos de la UBA, uno de los referentes que expresó su adhesión al proyecto, junto con casi un centenar de organizaciones y representantes del movimiento de mujeres y de entidades sociales y académicas como el Grupo de Estudios sobre Sexualidades, del Instituto de Investigaciones Gino Germani, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la APDH de La Matanza, la Asamblea de Mujeres de la Federación de Organizaciones de Base, la Asociación de Especialistas Universitarias en Estudios de la Mujer (Adeuem) y el Area de Género y Derechos Humanos de las Mujeres, Instituto de Derechos Humanos, de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de La Plata.


El proyecto nació en junio de 2008 en Ecuador, donde existe un marco normativo similar a la Argentina. A pesar de ser ilegal, salvo algunas excepciones, se estima que se realizan en ese país alrededor de 95.000 abortos por año. El 28 de mayo, una línea similar a cargo de la Red de Salud de las Mujeres arrancó en Chile, donde el aborto está prohibido.


5.8.09

(011) 15 66 64 70 70: más información, menos riesgos

Este es el número de la nueva línea telefónica en Argentina donde se puede acceder a información de la OMS y otros organismos internacionales de salud, sobre aborto farmacológico y su menor riesgo para la salud y la vida de las mujeres.

(011) 15 66 64 70 70



Les voy dejando dos documentos de la OMS sobre el tema:

16.7.09

Aborto Terapéutico

Un derecho de la mujer


Por: Ronald Gamarra




Una mujer que enfrenta el peligro inminente de perder la vida o de sufrir grave daño a su salud por causa de un embarazo, ¿tiene derecho a interrumpirlo? Según la ley peruana, sí lo tiene. Se trata de un asunto resuelto desde el Código Penal de 1924.




El artículo 119 del Código Penal vigente ratifica este criterio al disponer que “no es punible el aborto practicado por un médico con el consentimiento de la mujer embarazada o de su representante legal, si lo tuviere, cuando es el único medio para salvar la vida de la gestante o para evitar en su salud un mal grave y permanente”.




Se trata del denominado aborto terapéutico. La ratio legis que determinó su aprobación hace ya camino a un siglo, es evidente porque no se puede imponer sobre una mujer la obligatoriedad de una gestación perjudicial para su propia vida.




Se trata de una elección impuesta por un ineludible estado de necesidad. Sobre esto no cabe discusión alguna porque ya es ley del Estado peruano desde hace mucho tiempo. Mejor dicho, no debería haber discusión porque, en la realidad cotidiana, las cosas son distintas, pues la mujer que se ve obligada a solicitar un aborto por motivos terapéuticos no tiene cómo obtenerlo.




La razón de esto es la falta de una norma que reglamente o especifique el modo y las circunstancias en que ha de practicarse un aborto terapéutico. A una norma de este tipo se suele denominar protocolo médico de atención. Sin ella, los profesionales y las instituciones de salud se niegan absolutamente a prestar el servicio médico de aborto terapéutico a las mujeres que lo solicitan, aun cuando la ley diga lo contrario y la vida o la salud de la mujer sufran grave riesgo o daño.




Lo increíble es que, a pesar de tantos años transcurridos, tantos reclamos incansablemente reiterados y tantos casos dramáticos que se han presentado y se siguen presentando, el Gobierno no aprueba esta urgente norma reglamentaria. Peor aun: en los últimos años, varias propuestas de protocolo, avanzadas por iniciativa de instituciones de salud del Estado, han sido desautorizadas y bloqueadas por el Gobierno, manteniendo un vacío que significa una agresión inadmisible a los derechos fundamentales de la mujer.




En el 2005, el caso de una adolescente peruana que gestaba un feto anencefálico y por ello mismo totalmente inviable, a quien se le negó absolutamente el derecho al aborto terapéutico en nuestro país a pesar del grave perjuicio de salud que esto suponía para ella, llegó a conocimiento del Comité de DDHH de la ONU.




El dictamen fue terminante al señalar que los derechos de la adolescente habían sido violados y, entre otras muchas exigencias de reparación, recomendaba urgentemente al Estado peruano adoptar medidas para evitar que ocurran casos semejantes en el futuro.




Recientemente, otra adolescente de apenas 16 años –que fue violada, resultó embarazada e intentó suicidarse por ello– ha quedado parapléjica al no habérsele practicado una intervención médica que requería simultáneamente de un aborto terapéutico para salvarla. ¿Así cumple el Gobierno las recomendaciones sobre respeto a los DDHH?




Lima, 10 julio 2009
Publicado en La República 10/07/2009



http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20090710/18/pagina/3219

12.5.09

pese a la sentencia de la Corte Constitucional, pocos avances del aborto en Colombia...


Copio aquí un editorial de El Tiempo.com que me pasa el amigo Mauricio A.


Fuente: El Tiempo.com

Conejo al aborto

Hace tres años, el 10 de mayo del 2006, la sentencia 355 de la Corte Constitucional legalizó la interrupción del embarazo en Colombia en tres circunstancias especiales: peligro para la vida de la mujer, malformaciones que hagan inviable la vida del feto y violación. Sin embargo, las expectativas que este fallo generó están lejos de cumplirse: ni los abortos han dejado la peligrosa clandestinidad, ni la ley se está cumpliendo a cabalidad.

Como lo confirmó hace unos meses un estudio de la influyente revista The Lancet, el impacto de la despenalización del aborto ha sido mínimo. Además de la falta de conciencia de las mujeres acerca de los derechos que la nueva legislación contempla, una de las razones encontradas es la negativa generalizada de los médicos a interrumpir los embarazos -aun cuando los casos cumplan con todos los requisitos estipulados en la ley-.

Un ejemplo de esta situación se presentó en el Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá. La Secretaría de Salud de la capital multó el pasado 5 de febrero a esta entidad jesuita por negarse a practicar un aborto legal. Esta sanción, la primera contra una institución de salud y aún en trámite, sienta un importante precedente, ya que desnuda una cruda realidad: usando los más diversos argumentos, hospitales, médicos, EPS y jueces están negándoles a las mujeres este derecho.

Que un doctor católico se oponga a practicar un aborto legal por razones de conciencia no está en discusión. El debate estriba en si las instituciones, como un hospital propiedad de una orden católica o una EPS, pueden aducir esas razones para evitar el cumplimiento de la ley. Este es un tema espinoso, que toca fibras íntimas y colectivas de una sociedad mayoritariamente católica y, por principios religiosos, contraria a la medida.

No obstante, por más dura que les parezca a ciertos sectores sociales, la ley es la ley. La sentencia de la Corte Constitucional no podía ser más clara en especificar las circunstancias en las que la legislación nacional acepta que una mujer interrumpa voluntariamente su embarazo. Esto implica que todos los actores del sistema de salud, sin excepción, están obligados a garantizar el ejercicio de ese derecho. Así mismo, que las entidades del Estado, como la Secretaría de Salud capitalina, deben vigilar el cumplimiento de las normas, hacer los seguimientos pertinentes y dictar las sanciones a que haya lugar.

Por ende, causa sorpresa la poca claridad que hay sobre el número exacto de abortos practicados en estos tres años de vigencia de la legalización. Mientras el Ministerio de la Protección Social reporta 201 en el país y la Secretaría de Salud de Bogotá habla de 219 solo en la capital, las ONG los calculan en unos 3.000. Lo cierto es que, según un informe de la Procuraduría del año pasado, los prejuicios sociales que despierta el tema, sumados a un sinnúmero de trabas de profesionales e instituciones médicas, están impidiendo la aplicación expedita y masiva de esta normatividad.

Sea por razones de "conciencia colectiva", por prejuicios o por falta de información de los operadores de la salud, el balance de los tres años del aborto legal en Colombia deja mucho que desear. Brillan por su flagrante ausencia campañas informativas del Ministerio de la Protección, así como un mejor seguimiento de los datos. Causan preocupación también declaraciones de funcionarios del Ministerio Público que estarían en contra de hacer efectiva la medida, como si las leyes fueran de cumplimiento opcional. Indudablemente, la mejor defensa para las mujeres está en el conocimiento de sus derechos y en la conciencia para exigir su aplicación. La diferencia con el pasado reciente radica en que ahora la ley las respalda.

5.4.09

AHE en Honduras: en vez de sumar, seguimos restando



La semana pasada, el Congreso hondureño sancionó una ley que, de buenas a primeras, prohíbe la compra, venta, uso y distribución de la Anticoncepción Hormonal de Emergencia (mal conocida –por lo erróneo del período en que resulta efectiva- como “píldora del día después”).

Y cuando digo “de buenas a primeras”, debe leerse literal. Un día antes de la sanción, una diputada del Partido Liberal (y aparente seguidora del Opus Dei, según surge de esta nota) presentó el proyecto para la prohibición de la AHE. El fundamento? el que se ha escuchado por los tribunales argentinos y chilenos con bastante efectividad: que es abortiva… (entiendo que el lector o lectora interesado/a en este blog está al tanto de lo incorrecto de dicha aseveración. En cualquier caso, puede consultarse aquí la guía de procedimientos para profesionales de la salud del Ministerio de Salud de Argentina, que resulta por demás clara y documentada sobre este punto).

En definitiva, hasta acá, no hay ningún embarazo que interrumpir, porque no hay fecundación siquiera.

Ahora bien, un documento publicado en 2005 por el Centro de Derechos de Mujeres en Honduras, señala que, (ahora sí) en casos de interrupción del embarazo, las mujeres hondureñas recurren habitualmente a 1) la ingesta de líquidos desconocidos entregados por una partera; 2) la ingesta de hierbas; 3) la colocación de una sonda en el útero hasta que se producen contracciones; 4) pastillas vaginales recetadas por doctor/a; 5) pastillas orales recetadas por doctor/a; 6) legrado en clínica clandestina; 7) succión en clínica clandestina y 8) succión en clínica legal (Centro de Derechos de Mujeres, “Nunca antes lo había hablado”. El aborto testimonio de mujeres hondureñas, Tegucigalpa, 2005).

Como sabemos, la mayoría de estos métodos no son seguros para la vida de la mujer. En Honduras, las complicaciones por aborto, son una de las principales causas por las que las mujeres en edad reproductiva son atendidas en los hospitales (Centro de Derechos de Mujeres, La atención post-aborto en el Hospital Materno Infantil en Tegucigalpa, Honduras, Tegucigalpa, 2006). Al menos, el Centro de Derechos de Mujeres pudo entrevistar a 122 mujeres que en un período de 5 semanas se atendieron por esta causa en sólo uno de los hospitales del país (simple matemática nos lleva a un promedio aproximado de 1200 mujeres por año, insistimos, sólo en ese mismo hospital. Ahora, recuérdese también que estamos hablando únicamente de las mujeres que llegan al hospital porque sufren complicaciones post-aborto).

Dicho esto, si la venta –pero sobre todo la distribución (¡!), porque imagino que quien tiene dinero seguramente la podrá seguir consiguiendo en el mercado negro y me preocupan especialmente aquellas mujeres que la recibían gratis– de la AHE es prohibida, ¿esto no empeoraría la situación que acabo de describir?

Me pregunto entonces, ¿cuál es el límite de la hipocresía?

25.3.09

Alagoinha está en todas partes

Cuando tenía 8 años, en la escuela que estudiaba empezaron las actividades para el curso de catecismo. En aquel momento, yo no sabía lo que era una educación laica y qué implicaciones tenía una escuela que, en principio, era laica... Cuando la profesora y el director del colegio informaron a las alumnas y los alumnos de la novedad, me pareció que tenía la posibilidad de elegir si este curso (los sábados por la mañana) sería bueno o no para mi vida!
Como venía de una familia que no frecuentaba (y no frecuenta!) las misas los domingos ni otros días de la semana, imaginé que podría preguntar a mi mamá y mi papá si el catecismo sería algo interesante o no.
Mi mamá me dijo que ella no había ido a catecismo, pues como fue criada en una familia metodista, las actividades con las niñas y las niños eran otras.
Mi papá, por su parte, me dijo que su familia era muy católica y que él no sólo había hecho el catecismo sino que también había sido uno de esos niños que ayudan a “los padres” durante las misas, un autentico monaguillo!
Los dos me dijeron que yo era quien debía escoger, que ellos no me obligarían a despertarme temprano los sábados para irme de nuevo a la escuela. (No sé si esta información es necesaria, pero pregunté separadamente a cada uno, y la respuesta fue igual…creo que los asuntos de religión son tratados por las parejas mucho tiempo antes de que los hijos y las hijas nazcan, no?)

Bueno, toda esta introducción es para contarles que, mi opinión sobre la historia de excomulgación de la madre y los médicos que atendieron a una niña de 9 años, que durante tres años fue violentada por su padrastro en la ciudad de Alagoinha (interior de la provincia de Pernambuco, Nordeste de Brasil) no es neutra, imparcial, ni busca serlo.

La historia, resumidamente, es la siguiente: el 26 de febrero, el padrastro es encarcelado luego que un equipo médico constatara que la niña estaba embarazada de gemelos. Ella había llegado al hospital el día anterior sintiendo mareos y los médicos afirmaron que la niña corría riesgo de morir si no se hacía el aborto. La madre firmó la autorización. El aborto fue hecho. Una sucesión de declaraciones absurdas por parte de la Iglesia Católica –desde Recife hasta el Vaticano – empieza.
El arzobispo de Olinda y Recife, DOM José Carlos Sobrinho, excomulga a la madre y los médicos responsables por el aborto. Según el arzobispo, el padrastro no debió ser excomulgado pues el estupro es menos grave que el aborto y sólo este crimen está previsto como causal de excomulgación por el derecho canónico.
El día siguiente, el jefe del departamento del Consejo Pontifício para la Familia, del Vaticano, Gianfranco Grieco, afirma que la decisión del arzobispo de Olinda y Recife es acertada. La CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil) lamenta el episodio que ha sufrido la niña, se clama perpleja, pero aún así no concuerda con el aborto. Dijo que a pesar de la gravedad, el arzobispo actuó correctamente, pues no se puede incentivar el aborto en Brasil. Pero después, dijo al público que nadie había sido excomulgado y que el arzobispo sólo había expresado lo que manda la ley canónica.

Me niego a decirles cuantas mujeres mueren todos los años por no tener su derecho a la salud reproductiva respetado.

El ministro de la salud, José Gomes Temporão y el presidente Lula, criticaron la actitud de la Iglesia. Lula afirmó que como jefe de Estado se encuentra a favor del aborto y como cristiano está en contra (como ciudadana no me interesa saber lo que el jefe de Estado piensa como cristiano, sólo si eso se inmiscuye en la esfera del propio Estado). Esa aparente dicotomía de Lula hizo que la Iglesia dijera que el presidente necesitaba del asesoramiento de teólogos!

Entonces, la prensa brasileña rellena los periódicos con artículos y comentarios de especialistas y periodistas. Muchos de ellos preguntando si existe una manera de pedir la auto-excomulgación.

La discusión en torno a la lucha por el derecho al aborto y sus fuerzas contrarias -aquellos que se nombran “Por la Vida” (como si las feministas no apostaran también por la vida de las mujeres y su derecho de decidir sobre sus cuerpos)- ya es conocida y muchas veces parece una conversación en el vacío, de donde nunca se extrae un entendimiento común.

Este episodio de Alagoinha y toda la secuencia de manifestaciones de la Iglesia me parecen muy simbólicas del momento que la Iglesia Católica vive en Brasil. En el país más católico del mundo, la Iglesia pierde sus fieles a las religiones neoprotestantes, soporta escándalos por casos de pedofilia y tiene que convivir con una población que, a pesar de ser católica, flirtea cotidianamente con otras religiones. Me parece un momento de insania eclesial absoluta, en el que la iglesia se desvive por no perder a los fieles por nada…

En este contexto, la idea de lo que es la vida, dónde empieza y dónde termina, pasa a ser el eje central de garantía del purismo de la fe católica: sólo son católicos aquellos que son completamente obedientes a los mandamientos, en la interpretación de las autoridades eclesiales. Hay que contener la libertad de pensamiento, así como en El Nombre de la Rosa.

A mí, me parece que lo más triste de este episodio no es la eterna dominación y necesidad de control de nuestros cuerpos (los de las mujeres, claro), pues eso ya lo sabemos hace mucho tiempo. Lo más triste es la ceguera de una Iglesia que insiste en mantenerse en sus dogmas y que bajo el argumento de defender “la vida”, termina sometiendo la vida de una niña. Los/as niños/as siempre son vistos/as por la Iglesia como seres benditos, buenos, puros y en este caso, nunca se pensó en la "pureza" de la niña, pues el hecho de ser mujer y tener capacidad reproductiva es algo superior al hecho de ser niña. Sus pequeños cuerpos ya no son más protegidos por Dios. Proteger la vida de las niñas sí, pero una vez configurada su capacidad reproductiva, hay que continuar la tarea primordial de la multiplicación, no importa el tamaño del sufrimiento que se pueda vivir.

Ojalá siempre tengamos a las Católicas por el Derecho de Decidir y los teólogos de la Teología de la Liberación.

Cuando era niña, fui la única alumna de la escuela que no hice el catecismo y la primera comunión. Por meses, fui llamada por mis amigos y amigas una hereje! Tal vez a ellos también les gustaría más aprovechar las mañanas de sábado con más libertad!

PD: Para quién se interesa por la participación de las mujeres en la iglesia, hay un romance de la costarricense Rosibel Morera, llamado “A pesar de mujer”