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24.3.09

Lady Dina

Para horror y vergüenza de muchas chilenas y chilenos, el Senado y la Cámara de Diputados se encuentran presididos (éste último desde la semana pasada) por parlamentarios UDI.(*) La UDI, es el partído político más conservador en chile (en chile!!... que no somos de lo más progre del barrio, ojo), basta decir que la mayoría de sus miembros son del Opus o Legionarios o Súper numerarios o algo así. Por esas casualidades, también son los más ricos. Surgió en 1983, fundado por activos partícipes de la Dictadura (http://www.udi.cl/biblioteca/biblioteca/principios.htm). Hoy, ellos tienen la presidencia de ambas cámaras en el parlamento. Paralelo a esto, se celebra la semana pasada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile la semana mechona (semana de novatos y festejo... supongo que algo así como el día de la primavera para los argentinos). Bueno, como es común, los alumnos llevan a bailarinas/es con el medio ni que show con desnudo, espuma y latigazo. Entonces escucho comentarios del tipo "esto es un avance, antes no se habría podido hacer algo así, esto se explica porque somos progresistas", "esto es muestra de lo progresitas que somos en Chile". En Chile hay un "café con piernas" cada media cuadra en el centro y en las fiestas mechonas se baila empelota, pero no podemos hablar del aborto, de lesbianas que crían hijos, de derechos de homosexuales, ¡ni del condón! sin que alguien salga con un pañuelo blanco. Qué es sentirse progresista tomándose un café con una mesera en tanga y después opinar que le aborto terapéutico no se puede siquiera discutir. Si eso es ser progresista Lady Dina volverá a visitarnos.
(*) El dato no es menor considerando que los prisedentes de las Cámaras manejan las tablas de proyectos que se votan y declaran la inadmisibilidad de los mismos. La misma semana pasada se sometió sorpresivamente a votación un proyecto que hacía inaplicable la ley de amnistía, de gran relevancia en temas de DDHH, habiendo 10 senadores en la Sala.. como es obvio, se perdió.

18.3.09

y para empezar: Los hombres que no amaban a las mujeres


ALERTA*(ver al final)


Esto es así… era un día de diciembre en una librería de Providencia, Santiago. Estaba con la amiga Fanny cuando me topé con Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la Trilogía Millennium del sueco Stieg Larsson (q.e.p.d…. o que se haya reencarnado o que esté de joda en el trasmundo, lo que le guste más). Cuando una/o ve el libro es casi imposible no dedicarle un minuto: es un ladrillo negro enorme con un dibujo horrible de una mujer atada. Le dediqué un minuto más y me di cuenta que podía interesarme: un periodista experto en los grupos de extrema derecha antidemocrática, activista contra todo tipo de violencia, que escribe un policial con perspectiva de género. En pesos chilenos era caro y, al final, lo dejé.

De regreso a Buenos Aires lo busqué enseguida y me lo regalé para navidad (para quienes me conocen resultará obvio que no creo en el niño Jesús, ni en santa y mucho menos en el reno Rudolph… pero como buena víctima del consumo capitalista, siempre me pareció que los regalos estaban bien. ..).

Ahora, no fue hasta que leí –en las noches bolivianas- las más de seiscientas páginas de la primera entrega de la saga, que me di cuenta de lo increíble que es este libro. El tipo escribe como periodista, llenando de datos todo el relato. Sin embargo, no se pierde la fluidez de la lectura. Hoja tras hoja se supera en temas. Este libro es mucho más que un policial. Es una historia contada desde la actualidad de distintos problemas: violencias, mercado y economía, calidad de la labor periodística, cárcel por calumnias e injurias… Es genial. Y así, muestra no sólo las miserias humanas más terribles sino también las más simples y cotidianas…

Ya voy por el segundo libro (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) que es aún un poco más largo que el primero –debo advertirlo-, pero también promete más: trata de mujeres en Suecia.

Así que me hago cargo y los recomiendo… hay que leerlos.



*antes que nada, quiero alertar al posible lector o lectora sobre mis cualidades para ser crítica de libros: nulas. Pero no me importa, lo voy a hacer igual, ya están avisados/as. Quien quiera lo lee, quien no quiera, no, y ya fue, como todo.